El objeto del arte
es comprender la naturaleza y todos sus elementos.
Aceptarlos, incorporarlos e interactuar con ellos.
Cultivar el corazón es crear,
decodificar los renglones del libro de la vida
y escribir la próxima página multicolor
en el universo interior y exterior.
Esto se logra con la química que existe en el corazón,
la electricidad pensante de nuestra mente infinita.
Una flor se marchita y entrega sus semillas,
que recorrerán otros valles y florecerán
en su danza eterna bajo el sol y la tierra.
Desde allí donde todo surge y a donde todo vuelve,
desde el corazón mismo de toda la existencia,
los sentidos del artista se agudizan
para expresar la maravilla de las cosas.

